15/11/09

El fraile, cazado

La alegría de los policías
Los chavales de Addio Pizzo, ante la Questura
Raccuglia

¿Se acuerdan de Domenico Raccuglia (pinchen aquí), conocido como Mimmo U Veterinario, el boss mafioso (se piensa que es el número 2 por debajo de Matteo Messina Denaro) que se hizo pasar por fraile durante su cautiverio? Acaba de ser detenido! Enhorabuena a toda la gente anónima, honesta y heroica que cada día planta cara a la Cosa Nostra. Esta noche podrán cantar bien fuerte "Siamo noi, siamo noi, la Sicilia quella vera siamo nooooooi". Somos nosotros, somos nosotros, la Sicilia verdadera somos nosotros. Bravo.

La guerra del fútbol


Los sociólogos coinciden en afirmar que el fútbol se ha convertido en una metáfora pacífica de la guerra entre los pueblos. Pero muchas veces la metáfora deja de serlo. El colega Voro me informaba ayer por la tarde de una multitudinaria pelea en un bar del barrio de Russafa (arabismo que significa "jardín"). Parroquianos egipcios y argelinos se liaron a hostias después de que en el minuto 95 Emad Meteab anotara el 2-0 con el que Egipto igualaba la repesca más caliente que se recuerda por el Mundial desde la guerra del fútbol entre El Salvador y Honduras. Se jugará ahora un partido de desempate que la FIFA, siempre tan brillante, ha resuelto que se dispute en el suelo neutral (y dictatorial) de Sudán.

La universalidad del fútbol y del fenómeno migratorio invita a pensar que la escena del bar russafí se habrá repetido en esquinas de Marsella, Londres o Nueva York. Uno imagina incluso un animado debate, allá en los cielos, entre el egipcio Naguib Mahfuz y el argelino Albert Camus, dos escritores geniales apasionados también por el fútbol.

Para calmar los ánimos, y con el permiso previo de Blatter y el dictador Omar Hasan Ahmad al-Bashir, que a la entrada del estadio en el que se dirimirá el desempate, a aficionados, dirigentes, entrenadores y jugadores se le entregue la célebre cita de Camus: "Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol".

La crónica del encuentro correrá a cargo de Ryszard Kapuscinski.

13/11/09

El estadio


No hay pasta para acabar el estadio. En eso parece estar todo el mundo de acuerdo. Hay que acabarlo con menos dinero. El VCF pretende recortar por la parte superflua: la cubierta megachupiguay, la parte más pija y costosa, y mantener las prioridades "deportivas" del interior. Un estadio con todas las comodidades para aficionados y jugadores. El exterior, como sucede en el actual Mestalla, no pasa nada si es feo, porque el fútbol, viejo, se juega en el césped y se grita en la grada. Y si llueve, tampoco pasa nada. Nosotros los valencianistas estamos acostumbrados. Así, empapados, vimos a Oliver Kahn, derrotado y de rodillas, encajar tres goles.

Pero ayer habló la alcaldesa y deslizó su teoría para arreglar el entuerto: "Me gustaría que no se retocara el acabado exterior". La edil dejó entrever que los recortes en el presupuesto podrían venir por otro lado, en el interior del estadio, eso es dónde se juega y se siente este deporte. Pero que no me toquen el acabado. Una metáfora más de lo que realmente nos importa: la foto, la postal. La jodida apariencia. La estética por encima de la ética. Como con el jamonero de Calatrava, que ya se ha cobrado vidas por ese diabólico cambio de rasante que no veas como queda en las fotos, sobre todo de noche, con esos focos de luz que ciegan a los conductores pero que realzan la belleza del artilugio a kilómetros de distancia. Con el nuevo Mestalla es un poco lo mismo. Dentro, como si sueltan cerdos o plantan patatas. Ya les llamaremos cuando ganen algún título. Pero que no me toquen el acabado exterior. Somos la polla, oiga. Somos la polla.

03/11/09

"No me enteré de nada"


"Dicen que la felicidad está compuesta de pequeñas cosas. ¡Si supierais la infelicidad!", Vincenzo Malinconico.

Es imposible no sentir simpatía por Vincenzo Malinconico, gris abogado napolitano de 42 años, recién abandonado por su mujer, que lo ha dejado por un arquitecto ("¿porque las mujeres siempre dejan a los maridos por arquitectos?", se pregunta) y con dos hijos adolescentes más maduros que él... Malinconico no sabe muy bien qué hacer con su vida, como tantos napolitanos. Es un tipo con un método discursivo anárquico, ya sea para hablar de leyes, de delincuencia, de música o de su caótica vida, pero, pese a todo, siempre se salva del seguro naufragio con un repentino "lampo di genio", que acerca a este personaje a una rara mezcla entre Woody Allen, Mr Bean y Frank Bascombe. Capaz de remontar la situación más adversa (ligar con Alessandra Persiano, la abogada más bella del tribunal), o cagarla con todo el viento a favor. Es imposible no querer a un tipo como VM, que llama afectuosamente a los muebles de su casa o de su dimunita oficina con su nombre de procedencia Ikea (Leksvik, Tullsta, Poang, Skruvsta...), que se cita con su hija Alagia a escondidas para comer en el McDonald's del aeropuerto de Capodichino, que bautiza el café (exquisitez partenopea) del bar del instituto de su hijo Alf como "el café con el sabor de los lugares equivocados" o que realiza una implacable descripción sarcástica de los típicos bares cutres en los se reúnen los camorristas. Malinconico, letrado del turno de oficio, acepta resignado la defensa de Domenico Fantasia, de nombre artístico Mimmo O' Burzone, de profesión descuartizador de cadáveres de la Camorra, detenido después de que su perro haya escondido la mano de un fiambre en su jardín. Con no menos resignación Malinconico acepta que la Camorra le imponga un disciplinado gorila, Tricarico, mientras dure el proceso.

Vincenzo Malinconico es el protagonista de "No me enteré de nada", del autor Diego de Silva, un fenómeno literario que arrasa en Italia (bajo el nombre de "Non avevo capito niente"). Un divertimento ligero pero más digno que la saga Millenium, con un argumento bien armado y repleto de momentos de humor y ternura. Con la traducción pierde un poco, sobre todo en los diálogos desarrollados en dialecto napolitano con los camorristas, de difícil solución pero en los que se podría haber adoptado la alternativa empleada en las traducciones de Camilleri y su comisario Montalbano.

02/11/09

Malditos


El "argumento" más recurrente para masacrar a un futbolista desde la grada es el de la lentitud. Esta lentitud tal vez sólo sea aparente, es el elemento que más desquicia a la parroquia de Mestalla. Lentitud para frenarse y pensar durante un par de segundos la dirección de un pase probablemente perfecto (Fernando Gómez, Buqué). En Pellegrino, Tomás, Castellanos y Cáceres (aguante Negro!) la lentitud se achacaba a los movimientos o a la frialdad que transmitía su juego sobrio, limpio de todo pecado efectista. Tonico Puchades, apodado "coll gelat", también lo sufrió en sus carnes. Pero el origen de los silbidos que nunca secundaría el Viejo Casale se extienden a otros aspectos. Desde las rarezas faciales (el rostro cubista de Angulo o las gafotas de Tomás), a las licencias macarras del primer Farinós, pasando por las carreras desgarbadas de Carew. Un caso aparte es el de Quique Flores, mimado como jugador por su aire de lateral brasileño y despreciado como entrenador, sobre todo, por el toque de superioridad moral que daba a las ruedas de prensa.

La aportación de todos estos damnificados al VCF fue notable.

Pero siempre venderán más los taconazos fuera de banda del efímero Marcelinho Carioca o el intento (falso!! más que falso!!) de Kily González por alcanzar una pelota que todo Cristo sabía que se marcharía fuera de banda.

El tiroteo sufrido, ayer domingo, por Cáceres ha acabado llevándome a esta reflexión. Los jugadores malditos y honrados de Mestalla merecían un pequeño tributo.

07/10/09

Los detectives granota

(Los detectives granota, aliviando toda sospecha de militancia valencianista)

Arturo Belano y Ulises Lima, en esa maravilla bolañesca llamada "Los detectives salvajes", se perdieron en el desierto de Sonora para adentrarse en el universo literario mexicano de principios del siglo pasado y llegar hasta su heroína, la poetisa Cesárea Tinajero, alma del errático, ambiguo e incomprendido movimiento realvisceralista.

Felip Bens y José Luis García Nieves, los detectives salvajes del levantinismo, han limpiado toda mota de polvo de los periódicos valencianos para redescubrir los orígenes de su gran pasión, el Levante UD, un movimiento (como el realvisceralista) errático, ambiguo e incomprendido. Bien asesorados por Miquel Nadal (el Amadeo Salvatierra de esta proyección, el último gimnastiquista, quien abriera este inexplorado camino con "El nacimiento de la ciudad deportiva") y un selecto club de eruditos historiadores, alérgicos todos ellos al puñado de tópicos refritos con los que aquellos que tuvieron la oportunidad cronológica sentenciaron el origen del fútbol.

Porque detrás de la verdad oficial que nos contaron se escondían hermosas historias de tal entidad que han servido a Bens y García Nieves para escribir la Bíblia levantinista y, por extensión, del origen del fútbol valenciano. Su obra "Historia del Llevant UD", cuyo primer tomo explica en casi 800 páginas las vivencias del fútbol valenciano desde los primeros partidos de los ingleses en la Platgeta hasta el año 1922, emociona a los memoriosos del fútbol por su alto nivel informativo, introspectivo e historiográfico. En ella se explica con todo detalle la trayectoria de dos clubes tan distantes como el Levante FC y el Real Gimnástico del Patronato de la Juventud Obrera, de cuyos restos tras el horror de la guerra civil (apartado del que José Ricardo March nos deleitará en el segundo tomo) se levantó el actual Levante UD. Entre las historias más conmovedoras, la del fundador del Levante FC, el catedrático republicano José Ballester Gozalvo, que desde el exilio continuó luchando denodadamente contra la dictadura. La "Historia del Llevant UD" aporta incluso más datos y matices al nacimiento del Valencia FC (ése Octavio Paz para nuestros detectives), el eterno rival, sobre todo en los felices años veinte de nuestro fútbol, para los levantinistas y gimnastiquistas.

Es una obra intensa, robusta, alejada de clichés autolesivos con los que el levantinismo tiende en exceso a resignarse y dar carpetazo a su relato. Una obra desde la que la institución debe proyectar un mensaje de futuro esperanzador pero que no apela únicamente a la parroquia azulgrana. Es también una nueva evidencia de que el fútbol se puede narrar sin resignarse exclusivamente a la recopilación industrial de alineaciones y otras menudencias estadísticas...

Arturo Belano y Ulises Lima encontraron a Cesárea Tinajero para conducirla, para su sorpresa, hasta la muerte. Bens y García Nieves, en cambio, han acudido a los orígenes para rescatar al equipo de sus desvelos de una muerte casi anunciada.

13/08/09

Nápoles 1944 (Norman Lewis)

Entre los contactos civiles de estos primeros días, mi gran adquisición ha sido Vincenzo Lattarullo, un individuo muy ducho en las costumbres de Nápoles.

Al parecer Lattarullo tenía una profesión secundaria que le aportaba ingresos de vez en cuando. Pero las circunstancias actuales le habían obligado a dejarla. Me confesó con cierto orgullo que actuaba como Zio di Roma (“tío de Roma”) en los funerales. La obsesión de los napolitanos por las apariencias se hace evidente en los funerales. Un individuo puede haber sido casi un indigente toda la vida, pero sabe que cuando muera lo enterrarán en un espléndido ataúd; y además, no escatiman nada para honrar al difunto y aumentar el prestigio de la desconsolada familia.

El “tío de Roma” es un personaje popular de esta pequeña farsa. ¿Por qué insistía la gente en que fuera de Roma? ¿Por qué no de Bari o de Tarento? Imposible; tiene que ser de Roma. El “tío” hace saber que acaba de llegar en el expreso de Roma, o se presenta en la casucha o humilde basso en un Alfa-Romeo con matrícula de Roma y una insignia SPQR (Senado y Pueblo de Roma), del que baja con su elegante traje de calle, luciendo la cinta de comendador de la corona de Italia en la solapa de la chaqueta, para templar con sus dignas y comedidas condolencias el espectacular despliegue de dolor napolitano.

Lattarullo me explicó que había interpretado este papel con frecuencia. Sus dotes para ello son su porte patricio y el acento y los modales romanos, muy estudiados. Él nunca emplea el pronombre personal de tercera persona del singular lui, como hace toda la gente que le rodea, sino que dice egli, como en los libros de texto, y trata a todos y cada uno con la anticuada cortesía de lei. Mientras que los napolitanos en general tienden a la familiaridad y los halagos, Lattarullo muestra una actitud distante y taciturna. Cuando se encuentra con un hombre, Lattarullo dice buon giorno, y nada más, y se despide con un escueto adiós. Según dicen los napolitanos, que son sumamente efusivos y empalagosos en los saludos, así es como habla realmente un caballero romano. Y si alguien en el velatorio hubiese visto por casualidad a Lattarullo en las calles de Nápoles en otras ocasiones, pone buen cuidado en no decírselo a nadie.